11/06/2020

Acuerdos posibles ante un mundo más desafiante

 

El coronavirus desató una crisis internacional sin precedentes, que dejará severos impactos tanto a nivel económico como geopolítico. Desde Argentina, además de hacer frente a los impactos directos de esta crisis, contamos con el desafío de encarar, en un escenario más adverso que antes, una estrategia de inserción internacional sostenible en el tiempo que logre sortear los cambios pendulares de las últimas décadas. Alcanzar consensos básicos será central en un mundo donde se aceleran las tensiones y signado por la incertidumbre.

La pandemia dejará fuertes secuelas a nivel internacional. La economía mundial sufrirá la mayor crisis desde 1929. Se espera una caída de la actividad económica en torno al 5%[1], más aguda que la de 2009, cuando la actividad mundial había retrocedido 0,1%, y también más extendida, con impacto en una mayor cantidad de países. También se espera una fuerte caída del comercio internacional y de los flujos de inversiones. Todas estas variables ya eran frágiles antes de esta crisis. El mundo evidenciaba un bajo crecimiento de la actividad (2,9% en 2019), un comercio internacional estancado (cayó 0,2% en 2019 y representó poco más del 20% del PIB mundial, muy debajo del 30% que había tocado a comienzos de los 2000) y una caída en la inversión extranjera directa (fue del 2% del PIB mundial en 2019, muy lejos del 4,5% de los 2000). En pocas palabras, las limitaciones de la globalización para generar prosperidad económica estaban presentes antes de la pandemia, y van a ser mayores a partir de ahora.

Esta crisis también dejará profundos cambios en los modos de producción y consumo. Por un lado, acelerará procesos que ya estaban en marcha, como los vinculados a la Industria 4.0, la digitalización y el comercio electrónico. Contar con industrias sólidas, diversificadas y que utilicen tecnología de frontera demostró ser central en muchos países para garantizar la provisión de bienes esenciales, de equipamiento médico y para el desarrollo de tests de diagnóstico. La presencia de tecnologías 4.0 también fortalece los sistemas de seguridad e higiene de la producción y permite la rápida producción de nuevos bienes demandados, por ejemplo, a partir del uso de tecnologías aditivas (impresoras 3D) que facilitan la producción de nuevos productos con menor necesidad de maquinaria e infraestructura.

Por otro, revalorizará la agenda medioambiental que había ganado terreno previamente. Los episodios de lockdown en los países centrales dejaron en evidencia la importancia de encarar estrategias que desacoplen la producción de la generación de residuos. Se trata de volver a producir, pero reduciendo el impacto ambiental, y dando mayor impulso a las estrategias de economía circular. Las tecnologías 4.0 serán clave también en este aspecto, ya que permiten un uso más eficiente de los materiales.

Además de los impactos económicos, la crisis dejará secuelas en términos geopolíticos. En este campo, también será esperable que se aceleren las tensiones preexistentes. La disputa entre Estados Unidos y China será más intensa y se reflejará en más nacionalismo y proteccionismo comercial. Estos dos países son los que más han incrementado el uso de barreras no arancelarias en los últimos años.

Esto profundizará también el cuestionamiento a las cadenas globales de valor. Antes del coronavirus, los países estaban discutiendo sus lugares dentro de las cadenas y encarando estrategias para insertarse en los eslabones de mayor valor agregado. Había un lento proceso de reshoring de las inversiones, en el que los países que habían descentralizado el proceso productivo estaban promoviendo la repatriación de las empresas a sus lugares de origen.

Otra consecuencia a nivel internacional es la creciente debilidad económica tanto de Brasil como de Europa, tradicionales socios comerciales de nuestro país. En ambos lugares el coronavirus ha impactado fuertemente, aumentando la fragilidad económica y también la política. El impacto a nivel local será notorio e irá más allá de la pérdida de exportaciones. La debilidad de Brasil erosiona su liderazgo regional en un momento en el que abordar los desafíos que impone el nuevo panorama internacional demanda una mayor coordinación de la región.

Finalmente, la crisis ha dejado una vez más en evidencia la debilidad de los espacios multilaterales de decisión y el vacío de liderazgo tanto a nivel internacional como regional. Estos espacios son centrales para los países en desarrollo como Argentina, donde los organismos internacionales logran canalizar ciertas demandas que de otra manera no tendrían lugar en un mundo tan asimétrico. Si el mundo que se venía ya era complicado antes del coronavirus, ahora tendremos que enfrentar mayor incertidumbre en un mundo más defensivo.

 

Desafíos y oportunidades

Todo este panorama trae nuevos desafíos para la inserción internacional Argentina. Al mismo tiempo que tendremos que superar el fuerte impacto económico y social que dejará el coronavirus, habrá que delinear una nueva estrategia de inserción.

Tanto los países centrales como los emergentes están tomando la iniciativa frente a esta nueva realidad con ambiciosos planes tanto para la contención de la crisis como para la recuperación posterior. Los planes comprenden desde medidas fiscales y monetarias para atravesar la crisis, hasta medidas para acompañar la reconversión de procesos, promover la incorporación de tecnología, el aumento de la productividad y la identificación de mercados y oportunidades de negocio.

Frente a la revalorización de la industria y la política industrial, tenemos una oportunidad por delante. Argentina es el tercer entramado industrial de América Latina. Cuenta con la mayor productividad de la región y está diversificada en cuanto a sectores y presencia regional.  A pesar de las políticas pendulares en materia de producción y ciencia, todavía contamos con un importante sistema científico tecnológico, con un ratio de investigadores per cápita superior al de la región, y considerable inversión en I+D. En materia de recursos, la disponibilidad tanto de recursos naturales en agro, energía y minerales (todavía con un gran potencial para su desarrollo) como humanos nos marca que hay un horizonte, si logramos encauzar un proyecto de desarrollo.

Pero todos estos activos no alcanzan por sí solos. Requieren además una visión realista del mundo actual, que sea consciente de los obstáculos que tenemos por delante, y un fuerte compromiso para enfrentarlos. Es prioritario definir los principios rectores que nos permitan salir de la insolvencia estratégica, esa falta de hoja de ruta con la que Tokatlian ilustra la incapacidad de nuestras elites de consensuar una política externa.

Una política externa pragmática, con visión estratégica y adaptando las tácticas para alcanzar objetivos concretos, requiere pensar las relaciones exteriores desde un nuevo modelo productivo y de agregación de valor. Argentina ya es un país industrial y debe buscar una inserción internacional que se encuentre en sintonía con el desarrollo de sus capacidades industriales. Será clave cuidar y fortalecer nuestro entramado industrial, así como generar iniciativas que mejoren nuestra competitividad. Es importante que la agenda de negociaciones comerciales sea planteada en forma inteligente, donde la mayor integración logre efectivamente un mejor desempeño comercial generando divisas y empleo.

Finalmente, fortalecer una perspectiva regional que promueva las complementariedades productivas. En comparación con otros destinos de exportación, el Mercosur posee un carácter estratégico: es el principal destino de las exportaciones industriales. Frente al cuestionamiento de las cadenas globales de valor, el desafío es robustecer las cadenas regionales y extenderlas a toda América Latina.

Encarar esta agenda difícil implica, ante todo, tener plena conciencia de ella. En un mundo menos armónico, nuestra fortaleza está en nuestros recursos pero también en nuestros acuerdos posibles para diseñar y avanzar en un programa consistente con nuestra realidad y sostenido en el tiempo.

 

                                             

Daniela Rozenbaum. Economista. Coordinadora del Centro de Estudios de la UIA

Diego Coatz. Director Ejecutivo / Economista Jefe de la Unión Industrial Argentina, Director Académico del INSECAP/UCES. Profesor de Estructura Económica (FCE-UBA) @diegocoatz

 


[1] De acuerdo a las proyecciones del Banco Mundial la caída de 2020 será de 5,2%. https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2020/06/08/covid-19-to-plunge-global-economy-into-worst-recession-since-world-war-ii. En abril el FMI había proyectado una caída menor (-3,0%) pero se esperan revisiones a la baja por el fuerte impacto que tuvieron las medidas de aislamiento en el segundo trimestre del año.