07/07/2020

EL DESAFIO DE BUSCAR EL EQUILIBRIO ANTE UN MUNDO MÁS BIPOLAR

 

La pandemia que viene azotando al mundo en los últimos meses ha tenido y tendrá importantes consecuencias económicas y geopolíticas. A medida que transcurre el tiempo, no sólo se plantean muchos interrogantes en cuanto al impacto y las trayectorias de recuperación de las economías a nivel mundial, regional y nacional, sino también en cuanto al balance geopolítico, en particular entre las dos grandes economías del mundo (Estados Unidos y China).

Una conclusión preliminar es que el COVID-19 parece haber acelerado la tendencia a la bipolaridad y a la profundización de la rivalidad entre ambos países. Por un lado, Estados Unidos se encuentra en un proceso que Richard Hass[1] ha denominado “diplomacia de la retirada”. Es así como los Estados Unidos, pilar y defensor del sistema multilateral post Bretton Woods da señales cada vez más claras de un repliegue. El abandono del Acuerdo de Paris, el Pacto Nuclear con Irán, el Acuerdo Trans Pacifico, y su distanciamiento de las Naciones Unidas, la Organización Mundial de Comercio y, más recientemente, la Organización Mundial de la Salud son una clara señal en esta dirección.

Por el otro lado, China se encuentra en medio de un proceso que vengo denominando hace años como una “globalización con características chinas”[2]. En los últimos años, China ha pasado de ser solamente un gran país en términos económicos a convertirse en un actor más asertivo dentro de la política internacional y firme defensor del multilateralismo y la apertura económica. Actualmente no sólo tiene un rol más protagónico en los foros multilaterales existentes, sino que también ha creado instituciones y foros propios mediante los cuales despliega su nuevo rol en el sistema multilateral. La “Iniciativa de la Ruta de la Seda” (lanzada en el año 2013 por el presidente Xi), el Fondo de la Ruta de la Seda fundado en el año 2014, el Banco Asiático de Inversión y Desarrollo creado en 2016 (y con actualmente más de 100 miembros plenos [3]), la realización del Foro de la Ruta de la Seda en 2017 y 2019, la Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE por sus siglas en inglés) que se realiza anualmente desde el 2018 en la ciudad de Shanghái, en paralelo al Foro Económico de Hongqiao, son ejemplos de una arquitectura institucional que caracteriza esta nueva globalización con características chinas.

Estas formas diferentes de encarar actualmente la globalización y el multilateralismo por parte de China y Estados Unidos derivan en consecuencias para el resto del mundo.

En primer lugar, y más allá del repliegue americano de las instituciones que ya se ha mencionado, es de destacar la “confrontación” al estilo de juego de ajedrez entre ambos países. La avanzada de Estados Unidos por el acuerdo Transpacífico (TPP) en el año 2008 - del cual Estados Unidos se retiró en el año 2017 – fue contrapuesta por la iniciativa del RCEP (Asociación Económica Integral Regional) en el año 2012 (cuyas negociaciones fueron concluidas a fines del 2019), donde China participa y los Estados Unidos no. Las negociaciones por el TTIP (Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión) entre Estados Unidos y la Unión Europea, iniciadas en el año 2013 e inconclusas hacia el 2016 [4], se contraponen con el anuncio hecho por el Presidente Xi en Astana, Kazajistán, el mismo año del lanzamiento del corredor terrestre que uniría China con Europa vía Eurasia (luego parte de la “Iniciativa de la Ruta de la Seda”).

Al producirse el retiro de Estados Unidos del TPP en el año 2017, la expansión de China mediante la “Iniciativa de la Ruta de la Seda” se hizo más evidente, y esta Iniciativa cuyo eje central es la conectividad, comprendía seis corredores terrestres y un corredor marítimo. Es así como esta iniciativa pasó de ser solamente una estrategia de desarrollo económico para la región del oeste chino, y una manera de inserción económico-comercial, a tener un carácter más internacional. A fines de marzo del 2020, 138 países han firmado el “Memorando de Entendimiento de la Ruta de la Seda” – 19 de ellos en América Latina. Por último, la “Estrategia del Indo Pacifico Libre y Abierto”, formalizada en el año 2019 por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, junto con Japón, la India y Australia, propulsa una mayor conectividad entre Asia y África – rivalizando con la “Iniciativa de la Ruta de la Seda” propuesta por China, en aquella región.

Esta confrontación geopolítica no sólo se refiere a infraestructura física sino que también alcanza al ámbito tecnológico, y dada la aceleración de la cuarta revolución industrial, permite predecir un agudizamiento de este conflicto. China lanzó un plan MIC2025 “Hecho en China 2025”, mediante el cual se enfatizan diez sectores  tecnológicos – entre los cuales se encuentran robótica, tecnología de información, energía limpia – con el objetivo de incrementar el know-how chino y aumentar el contenido domestico de componentes vitales y materiales (en promedio a un 40% para el año 2020 y un 70% para el año 2025) tendiendo a tener una autosuficiencia para lograr una mejor posición en mercados globales. Este programa es, de hecho, el origen de la guerra comercial entre ambos países, ya que las transferencias forzadas de tecnología y subsidios estatales que darían una ventaja despareja a otras empresas del sector privado extranjero son el principal reclamo americano.

Este tipo de “juego geopolítico” también se manifiesta en nuestra región. China es actualmente uno de los principales socios comerciales de todos los países de la región. En el plano de inversiones, la presencia china es cada vez mayor. En el “Primer Foro de la Ruta de la Seda” realizado en Beijing en 2017, Xi Jinping anunció que América Latina era la “extensión natural” de la iniciativa. Como ha sido mencionado, 19 países de América Latina ya han firmado esta iniciativa. Sin embargo, China no es el único referente en cuanto a inversiones en nuestra región. A fines del 2019, Estados Unidos lanzó una iniciativa llamada “América Crece”, mediante la cual se promueven proyectos de inversión relacionados con energía – aunque actualmente se ha extendido a otros sectores – en clara contraposición con la iniciativa china [5].

El impacto para nuestra región es, por tanto, cada vez mayor. Por tanto, mantener un balance y equilibrio en nuestra relación con ambos países es fundamental, teniendo como prioridad el interés nacional y regional. En este sentido, afianzar el dialogo y profundizar la cooperación regional será imprescindible para América Latina.

                                             

Carola Ramón es Doctora en Economía, Subsecretaria de Negociaciones Económicas Multilaterales y Bilaterales del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. Es también Miembro del Comité Ejecutivo y Directora del Comité de América Latina del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). @CarolaRamonB​

 

 


[1] Hass, Richard (2017),“America and the Great Abdication: Don’t mistake Donald Trump’s withdrawal from the world for isolationism”, The Atlantic, December 28, 2017, https://www.theatlantic.com/international/archive/2017/12/america-abidcation-trump-foreign-policy/549296/

[2] Ramon-Berjano, Carola (2019), “Globalización con “características chinas”. El creciente rol de China en América Latina y el Caribe y sus principales desafíos”, Pensamiento Propio 49-50, CRIES, http://www.cries.org/wp-content/uploads/2019/08/007-Berjano.pdf

Ramon-Berjano, Carola (2018), “La Iniciativa de la Ruta de la Seda: Crisis del multilateralismo y globalización con ´características chinas´” en “China, América Latina y la Geopolítica de la Iniciativa de la Ruta de la Seda” editado por Sabino Vaca Narvaja y Zou Zhan y publicados por las universidades argentina Nacional de Lanús (UNLa) y china de Ciencia y Tecnología del Sudoeste (SWUST).

[3] Uruguay y Ecuador son los únicos dos países de la región que son miembros plenos, mientras que Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Perú y Venezuela aún no son plenos.

[4] Las negociaciones fueron declaradas obsoletas en abril del año 2019 por un decreto del Consejo de la Unión Europea

[5] También puede verse en otros aspectos, como la reciente candidatura americana a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, del cual China es miembro no regional desde el año 2008. De hecho un primer roce entre Estados Unidos y China en el marco del BID se dio en el año 2019 cuando China seria el anfitrión de la reunión anual, por primera vez en China en la ciudad de Chengdu, para celebrar los 10 años desde su incorporación. Como hubo un desacuerdo con el reconocimiento de los enviados de Venezuela a la asamblea, esta fue cancelada.