Brasil retoma su protagonismo internacional 4/1/2023
Desde Foro del Sur acompañamos con especial interés la decisión del gobierno de Lula de reinstalar una agenda que prioriza la integración regional. Hoy compartimos el discurso del canciller, embajador Mauro Vieira, gran amigo de la Argentina, donde representó a su país entre 2004 y 2010.
Por Mauro Vieira, canciller de Brasil
«En su discurso de asunción; en su discurso en Sharm el-Sheikh, durante su destacada participación en la COP27; en su programa de gobierno; y al avalar el diagnóstico y las propuestas del equipo de transición, el presidente de la República trazó con claridad los desafíos y el rumbo que vislumbra para nuestra política exterior y para una reinserción digna de Brasil en el mundo.
Esta política exterior se concibe como una amplia tarea que va mucho más allá de la acción profesional y estatutaria de Itamaraty, para abarcar el conjunto de las políticas públicas brasileñas en materia de crecimiento económico, medio ambiente, agricultura, educación, cultura, ciencia, tecnología e innovación, derechos humanos, desarrollo social y defensa.
Todas ellas, junto con una política exterior vigorosa, son indispensables para garantizar y proyectar nuestra soberanía y defender nuestros intereses. Solo seremos fuertes si actuamos desde la visión amplia de un país comprometido con el desarrollo sostenible, socialmente más justo, políticamente más maduro y reconciliado con sus mejores tradiciones de diálogo y respeto.
No será una tarea simple ni fácil. Exigirá un esfuerzo amplio de todos y recuperar una generosa dosis del orgullo que siempre hemos sentido por nuestro país y su actuación en la región y en el mundo.
Atravesamos uno de los momentos más convulsionados del escenario internacional. Las tensiones entre las grandes potencias y una dolorosa guerra en Europa han aumentado el riesgo de escaladas imprevisibles, poniendo en peligro la estabilidad política y económica mundial y agravando los efectos negativos de la pandemia de COVID-19 sobre la economía global, las cadenas de suministro, el abastecimiento de energía y la seguridad alimentaria. También han deteriorado las condiciones de vida de millones de personas que buscan mitigar su sufrimiento a través de la migración.
Tendremos que saber actuar en este contexto, marcado por una crisis de gobernanza global sin precedentes, agravada por la paralización de mecanismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU). También es un momento complejo para nuestra región, que sigue enfrentando graves problemas de desarrollo, sostenibilidad, pobreza y gobernabilidad, pero que ha perdido buena parte de su capacidad para articularse y actuar de manera conjunta y solidaria. Será necesario recuperar y ampliar esa capacidad.
El panorama se agrava por la emergencia climática, que pone en peligro el futuro del planeta y cuyas consecuencias ya sienten hoy, sobre todo, los más vulnerables. Además, la pandemia de COVID-19 demostró la importancia de la diplomacia de la salud y de fortalecer la cooperación internacional a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a escala mundial, y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a escala regional.
La buena noticia, como ha dicho el presidente Lula, es que Brasil está de regreso. Existe una clara demanda del mundo hacia Brasil. La atención que los medios internacionales prestaron a la asunción del presidente Lula confirma lo que acabo de decir. En su discurso ante el Congreso Nacional, el presidente celebró la victoria de la democracia brasileña frente a las amenazas del autoritarismo y la desinformación. Y reafirmó su compromiso con la reconstrucción del país y de sus puentes con el mundo. La primera instrucción que recibí de él fue la de reabrir los canales de diálogo que habían sido bloqueados.
También existe una demanda de Brasil hacia el mundo. Todos los temas prioritarios para garantizar la prosperidad, el bienestar y la justicia social en el país están sujetos al impacto de procesos de decisión internacionales o de problemas globales.
En los últimos años fuimos apartados del escenario internacional por una visión ideológica limitante. Con sentido común, mucho trabajo y dedicación, recuperaremos nuestro lugar».
«La principal tarea de la política exterior ante este panorama será, efectivamente, reinsertar a Brasil en su región y en el mundo, de acuerdo con nuestros valores e intereses. Esto requerirá un uso intenso de nuestras capacidades diplomáticas y una firme reactivación de la diplomacia presidencial.
Tendremos que recomponer relaciones bilaterales dañadas y recuperar un protagonismo constructivo en los foros y organismos internacionales donde tenemos una contribución singular que ofrecer. Brasil será un socio confiable, un actor ineludible, un referente y una fuerza positiva en favor de un mundo más equilibrado, racional, justo y pacífico.
La política exterior volverá a traducir en acciones la visión de un país generoso, con mayor justicia social, comprometido con los derechos humanos, apegado al derecho internacional y dispuesto a realizar una contribución significativa a su región y al mundo.
Para ello, Brasil necesita recuperar su identidad de gran país sudamericano y en desarrollo, restablecer la confianza en la relación con nuestros vecinos y volver a actuar como un país con intereses globales».
«Para llevar adelante esta política exterior, nuestra acción en el mundo debe ser coherente con nuestra acción interna. La acción diplomática debe dialogar con la realidad del país que representa y contribuir a superar sus desafíos.
El presidente de la República marcó el tono de su política frente al cambio climático, reconstruyendo las capacidades internas y reanudando la cooperación internacional para impulsar el cumplimiento de metas nacionales ambiciosas. Al ofrecer al país como sede de la COP30, en 2025, el presidente Lula reforzó nuestras credenciales internacionales en la materia y retomó la línea que había comenzado en diciembre de 1988 con el acertado ofrecimiento del presidente Sarney de organizar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Río 92, un verdadero punto de inflexión en materia ambiental y de desarrollo sostenible.
Brasil reúne todas las condiciones para consolidarse como modelo de transición energética y de economía baja en carbono. Esto exigirá un esfuerzo interno, pero también una política activa de atracción de inversiones. Requerirá recursos propios, sin que dejemos de exigir con firmeza a los países desarrollados que cumplan sus compromisos de financiamiento. Y exigirá una diplomacia ambiental y climática de primer nivel, activa y decidida a defender nuestros intereses y a desempeñar el papel de facilitador y generador de consensos que Brasil siempre supo ejercer, desde la preparación de Río 92 hasta tiempos recientes.
En este proceso, nos guiaremos por una visión integrada del desarrollo sostenible en sus tres pilares —económico, social y ambiental—, con especial atención a la protección de la biodiversidad, la preservación de la Amazonía y de otros biomas, y la generación de empleo e ingresos para millones de brasileños.
Fortalecer la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) será fundamental para reactivar la cooperación en estos y otros asuntos de interés para los países amazónicos, así como para coordinar sus posiciones en los foros mundiales. La propuesta del presidente Lula de celebrar una cumbre amazónica será elaborada con especial atención.
Brasil volverá a alinear su política exterior en materia de derechos humanos con los parámetros de la Constitución Federal y del derecho internacional de los derechos humanos, especialmente en la promoción de la igualdad de género; la lucha contra la discriminación y la violencia por motivos de orientación sexual e identidad de género; la promoción de la igualdad racial y la lucha contra el racismo y la xenofobia; y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas.
Regresaremos inmediatamente al Pacto Mundial para la Migración de las Naciones Unidas y dialogaremos con los miembros del Congreso Nacional para avanzar en la pronta aprobación de la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de los trabajadores migratorios».
«Brasil y los demás países emergentes quieren tener voz y participación en la escena internacional. No podemos convivir con estructuras de decisión desactualizadas, que no reflejan la contribución que estos países pueden hacer para enfrentar los desafíos comunes. Actualizar la gobernanza global en la tercera década del siglo XXI es una tarea impostergable.
Seguiremos trabajando por una reforma y ampliación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, órgano en el que participamos en 2023, segundo año de nuestro actual bienio como miembro no permanente.
Colaboraremos, en el Consejo y en la Asamblea General, en los debates sobre prevención y solución negociada de conflictos, mediación, mantenimiento y construcción de la paz, cooperación humanitaria e implementación de la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad. Recuperaremos nuestro protagonismo en materia de desarme y no proliferación nuclear, poniendo en valor el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares en un mundo de crecientes rivalidades geopolíticas.
Brasil también retoma su compromiso con la reforma de las instituciones financieras internacionales, para que sean más representativas, en particular de los países en desarrollo.
Será importante fortalecer y desbloquear la Organización Mundial del Comercio (OMC) en sus dimensiones de transparencia, solución de controversias y negociación. Buscaremos nuevos acuerdos comerciales y de facilitación del comercio.
Mantendremos la cooperación con las instancias de la OCDE que generan beneficios para el país y examinaremos, a la luz del interés nacional, la invitación que hemos recibido para incorporarnos a la organización.
Utilizaremos de manera creativa el G20, que Brasil presidirá en 2024; los BRICS, cuya conducción nos corresponderá en 2025; y otros mecanismos de concertación, como el IBAS, cuya presidencia asumiremos ya en 2023, para reforzar nuestras posiciones e intereses concretos en los temas de la agenda internacional. Y aprovecharemos la oportunidad que ofrece la dirección brasileña de organismos internacionales, como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), para avanzar de manera concreta en iniciativas más acordes con nuestra visión del mundo».
«La diplomacia es un instrumento fundamental para ampliar y diversificar el comercio y las inversiones. Somos y seguiremos siendo una potencia agroambiental, con un papel crucial en la seguridad alimentaria mundial. En consonancia con la prioridad que el presidente Lula atribuye a la lucha contra el hambre, trabajaremos para fortalecer todos los eslabones de la cadena mundial de suministro de alimentos, desde la libre circulación de insumos y tecnologías de producción hasta el acceso a alimentos de calidad. Seremos incansables en nuestros esfuerzos por abrir mercados y reducir y neutralizar las barreras al comercio agrícola.
Brasil también es un actor ineludible en otros temas estratégicos y emergentes. En ese sentido, fortaleceremos la diplomacia de la innovación y participaremos activamente en los debates internacionales sobre gobernanza digital.
Por otra parte, buscaremos fortalecer la capacidad institucional de instrumentos esenciales con los que contamos, como la Agencia Brasileña de Cooperación y el Instituto Guimarães Rosa. La ABC, con una sólida experiencia en programas y proyectos de cooperación, será el hilo conductor del intercambio con los países en desarrollo y otros socios, con especial atención a América Latina y el Caribe, África y los países de lengua portuguesa. Brasil volverá a ser un país solidario y comprometido. El Instituto Guimarães Rosa, por su parte, nace como articulador institucional de la diplomacia cultural y educativa, así como de la difusión de la lengua portuguesa, y será un socio de primera hora en el relanzamiento de la política cultural brasileña».
«De todas las ausencias de Brasil, el abandono de América Latina y el Caribe quizás sea el que nos ha ocasionado mayores perjuicios.
El regreso de Brasil a su propia región significará el compromiso y el diálogo con todas las fuerzas políticas, para que podamos recuperar la capacidad de defender nuestros intereses y contribuir al desarrollo y la estabilidad regionales. Nuestra ideología en la región será la ideología de la integración.
Prestaremos especial atención a la asociación estratégica con Argentina, Uruguay y Paraguay, fortaleciendo los mecanismos bilaterales y la implementación de proyectos de interés común. El MERCOSUR debe profundizarse, junto con nuestros tres socios, en las dimensiones que tienen un impacto directo en la vida de las personas y en el comercio intrarregional y extrarregional, con énfasis en el avance de la liberalización y facilitación del comercio dentro del bloque, la conclusión de acuerdos externos equilibrados, la promoción de las inversiones y el turismo, y la facilitación de la circulación de personas y bienes.
En diálogo con nuestros socios, procuraremos recuperar sobre nuevas bases la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), garantizando a la organización un claro sentido pragmático y eficacia. El pronto regreso a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y su dinamización serán también objetivos inmediatos de la política exterior brasileña.
Seguiremos atentos a la importancia de fortalecer las instituciones democráticas, contribuyendo, a través del diálogo y los buenos oficios, a superar las tensiones internas, siempre con respeto a la soberanía de los países y sin perder nunca de vista el compromiso universal con los derechos humanos y la democracia.
En conjunto, América Latina y el Caribe pueden ser una fuerza a favor de la multipolaridad y de beneficios concretos para sus países».
«Al movimiento de regreso a nuestra región debe corresponder la recuperación de una política exterior verdaderamente universalista. África, región de la que Brasil estuvo ausente en los últimos años, volverá a ser una prioridad. Continente dinámico, África ha avanzado en su proceso de desarrollo; construye ahora una gigantesca área de libre comercio; y albergará, en algunos años, a casi la mitad de la juventud mundial.
Se restablecerá el diálogo político de alto nivel con los países africanos y sus organizaciones regionales para abordar desafíos comunes, como la seguridad alimentaria, el cambio climático, el comercio y las inversiones, y el intercambio de tecnologías. Fortaleceremos la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur.
En Medio Oriente, Brasil retomará su tradición de buenas relaciones con todos los países. Trabajaremos para avanzar en la implementación de los acuerdos del Mercosur con Egipto, Israel y Palestina, así como para explorar la posibilidad de abrir nuevos frentes de negociación. Buscaremos asociaciones diversificadas que involucren productos de mayor valor agregado, inversiones y la ampliación del intercambio en tecnología e innovación.
En relación con Israel y Palestina, dos países amigos de Brasil, volveremos a la posición tradicional y equilibrada mantenida durante más de siete décadas, apoyando la solución de dos Estados plenamente viables, que coexistan en paz y seguridad y con fronteras internacionalmente reconocidas. Nuestra brújula en este tema volverá a ser, como siempre lo fue, el derecho internacional.
Será de extrema importancia diseñar y ejecutar una estrategia ambiciosa para Asia-Pacífico, la región más dinámica del mundo, y, en particular, para China, India y Japón, así como para el conjunto de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Buscaremos nuevas áreas de cooperación en temas de interés para Brasil, como el cambio climático; la protección del medio ambiente; la ciencia, la tecnología y la innovación; además de ampliar y diversificar el comercio y atraer más inversiones.
Las relaciones con los países europeos se retomarán sobre nuevas bases. Profundizaremos la asociación estratégica con la Unión Europea y cooperaremos en temas de interés mutuo, como la doble transición climática y digital, la inclusión social y la igualdad de género. Pondremos en valor los ideales democráticos compartidos. Nos interesa un acuerdo MERCOSUR-Unión Europea equilibrado y que genere beneficios reales para la economía brasileña, tanto en comercio como en inversiones, evitando que el medio ambiente, un tema muy importante para Brasil, sea utilizado como pretexto para el proteccionismo.
Con Estados Unidos queremos relaciones en pie de igualdad, basadas en valores e intereses comunes, sin prejuicios sobre ningún tema y libres de alineamientos automáticos. Deseamos dinamizar nuestra relación económica y atraer inversiones, así como seguir fortaleciendo los lazos humanos, culturales y educativos que unen a ambas sociedades. Trataremos de manera madura las eventuales diferencias, naturales en una relación de esta importancia y profundidad».
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