22/01/2026

PARAGUAY - ESTADOS UNIDOS – BRASIL. SEGURIDAD Y ELECCIONES

El 15 de diciembre de 2025, el canciller de Paraguay, Rubén Ramírez, se reunió en Washington con el secretario de Estado Marco Rubio. En esa ocasión se anunció la firma de un acuerdo de cooperación entre ambos países —un Status of Forces Agreement (SOFA)— destinado al intercambio de personal militar y civil, con presencia en el territorio paraguayo.

El acuerdo no precisa con claridad las condiciones de actuación de dichos agentes en Paraguay. En principio, no se trataría de la instalación de bases militares en el país vecino; sin embargo, en el pasado ya se había considerado la posibilidad de utilizar una pista de aterrizaje en la región paraguaya del Chaco para operaciones de fuerzas estadounidenses.

Según el comunicado difundido por el Departamento de Estado de los Estados Unidos:

“El acuerdo histórico establece un marco claro para la presencia y las actividades de personal militar y civil del Departamento de Defensa de los Estados Unidos en Paraguay, facilitando el entrenamiento bilateral y multinacional, la asistencia humanitaria, la respuesta ante desastres y otros intereses de seguridad compartidos”.

En principio, este nuevo entendimiento entre Paraguay y Estados Unidos podría no suscitar una alarma inmediata. No obstante, genera preocupación si se lo contextualiza en el marco de las reiteradas amenazas del actual gobierno estadounidense: retomar el control del Canal de Panamá, anexar Groenlandia, presionar a Canadá en materia comercial y de defensa, confrontar con China y Europa, concentrar fuerzas en el Caribe, cercar a Venezuela, hundir embarcaciones, confiscar buques, imponer aranceles de manera indiscriminada, abandonar el multilateralismo, entre otras.

¿Por qué, entonces, esta aproximación de Paraguay a Estados Unidos no debería resultar del todo sorprendente? Porque Brasil es, históricamente, un socio privilegiado de Paraguay. En primer lugar, el stock de inversiones de empresas brasileñas es el mayor del país. La presencia de capital brasileño ya era significativa en el agronegocio y en el sistema financiero, y se expandió de manera acelerada con la instalación de industrias brasileñas y de filiales de multinacionales —en particular del sector de autopartes— radicadas originalmente en Brasil.

En el plano bilateral, existe un intercambio muy intenso entre los ejércitos de ambos países, con la presencia permanente en Paraguay de al menos cuarenta militares brasileños en régimen de rotación, dedicados al entrenamiento de tropas, instrucción de tiro, caballería, mantenimiento de equipamiento y otras actividades. La Embajada de Brasil en Asunción cuenta con agregados de Defensa (a cargo del agregado del Ejército), de la Marina y de la Fuerza Aérea, así como con agregados de la Receita Federal y de inteligencia.

Se trata de una relación fraterna, a pesar de que la sociedad paraguaya nunca ha superado plenamente el trauma de la Guerra de la Triple Alianza, aun después de 150 años.

Existe una tendencia errónea a considerar que Brasil mantiene una relación pendular con sus vecinos, basada en afinidades ideológicas coyunturales. No es así. Basta recordar que fue el presidente Alfredo Stroessner, en la década de 1960, quien impulsó la expansión hacia el este, en dirección a Brasil, mediante la construcción de la carretera —hoy duplicada— que conecta Asunción con Ciudad del Este. Ya en aquella época se pensaba en la construcción de la represa de Itaipú, que se convertiría en un símbolo de la relación bilateral.

Conviene recordar, además, que Stroessner falleció en Brasilia, donde se encuentra enterrado.

El caso paraguayo es singular. Con la excepción de breves períodos —entre ellos el corto interregno liberal del presidente Fernando Lugo— Paraguay ha sido gobernado casi ininterrumpidamente por el Partido Colorado.

Así ocurrió tras el juicio político contra Lugo, el 22 de junio de 2012, aprobado por 39 votos contra 4 en el Senado. En desacuerdo con lo que consideraron un proceso apresurado y mal fundamentado, varios países sudamericanos, incluido Brasil, retiraron a sus embajadores de Asunción. En el caso brasileño, la embajada quedó a cargo de un encargado de negocios hasta noviembre de 2013, casi un año y medio después del impeachment, cuando asumí el cargo. Tuve entonces la oportunidad y el privilegio de reconstruir la relación bilateral, interactuando con un gobierno orientado por una “cartilla” distinta de la brasileña.

Presenté mis credenciales al presidente Horacio Cartes pocos días después de mi llegada. Siempre mantuvimos una relación cordial, tanto con él como con todos sus ministros, con quienes sostuve encuentros de trabajo y sociales frecuentes y fluidos.

Incluso antes de la elección de Cartes (período 2013–2018), el Partido Colorado ya estaba bajo su liderazgo. El actual presidente, Santiago Peña, fue su ministro de Economía y debe a Cartes su trayectoria política. Horacio Cartes es, probablemente, la persona más rica de Paraguay. Sus negocios abarcan prácticamente todos los sectores, desde bancos y casas de cambio hasta empresas de taxi aéreo y agropecuarias. En Brasil es particularmente conocido por la fabricación de cigarrillos introducidos de contrabando.

Cabe recordar que el expresidente Cartes fue objeto de sanciones por parte de los últimos gobiernos demócratas de Estados Unidos, sanciones que se extendieron a su familia. Estas medidas fueron levantadas recientemente, en una nueva señal de aproximación y apoyo del presidente Trump a políticos y gobiernos de derecha, tanto en la región como a nivel global.

Todo ello se inscribe en una estrategia orientada a difundir una ideología autoproclamada libertaria y abiertamente proestadounidense. Después de Argentina, Paraguay, Chile, Bolivia y varios países de América Central han sido progresivamente incorporados a esta órbita de influencia.

En la relación Brasil–Paraguay resulta relevante el hecho de que cerca de 350.000 personas de origen brasileño —aproximadamente el 5 % de la población paraguaya, en su mayoría gaúchos— residen en Paraguay, principalmente en el este del país. Su principal centro es la ciudad de Santa Rita, donde existe incluso un Centro de Tradiciones Gaúchas (CTG). El portugués es un idioma de uso corriente en la ciudad. Estos brasileños emigraron al Paraguay a partir de la década de 1970, atraídos por el menor costo de la tierra, y se dedican mayoritariamente a la producción de granos para exportación. En palabras de un expresidente paraguayo: “los brasileños nos enseñaron a plantar soja e iniciaron aquí una agricultura moderna”.

Un fenómeno más reciente, de los últimos diez años, ha sido la instalación de industrias con capital brasileño. El principal sector es el de autopartes, destinadas a las terminales automotrices brasileñas y argentinas, producidas por multinacionales para abastecer a sus filiales en los países vecinos. También se han instalado industrias textiles, de calzado, embalajes y plásticos. Estas inversiones se ven atraídas por la mano de obra y la energía baratas, así como por la baja carga impositiva, favorecida por el régimen de maquila vigente. Dicho régimen permite a los productos de exportación utilizar insumos importados con exención de impuestos, abonando solo el 1 % del valor exportado. Las maquilas tienen hoy un peso significativo en las exportaciones paraguayas y generan empleo.

Volviendo al Status of Forces Agreement, es posible que este haya sido impulsado por la percepción de que Brasil presta menos atención de la esperable a Paraguay. Pese a ser ampliamente conocida la porosidad de la frontera entre ambos países —con escaso control y la ocurrencia diaria de homicidios, tráfico de armas, mercancías y personas—, no se adoptan medidas urgentes y necesarias. Pareciera que el gobierno y la sociedad brasileños se limitan a acusar a Paraguay de tolerancia frente a la criminalidad y continúan adelante. Al sentirse desatendido, Paraguay busca otros aliados que le ofrezcan atención y apoyo, incluso con el objetivo implícito de contrarrestar las pretensiones de liderazgo regional de Brasil.

Persiste, además, la tendencia de delincuentes, políticos y personas condenadas por la justicia brasileña a buscar refugio en Paraguay. Ha habido casos de presos brasileños en penitenciarías paraguayas que llevaban una vida lujosa, en departamentos construidos y financiados por ellos mismos dentro de las cárceles, dotados de home theater, aire acondicionado y alimentación de primera calidad. De estas facilidades surgió una práctica que se convirtió en hábito y tradición. De allí que, para muchos brasileños mal informados, la primera imagen de Paraguay sea la de un país sin ley, una gran feria de productos importados o falsificados que ingresan por contrabando sin control.

En este contexto, el entendimiento entre Paraguay y Estados Unidos se produce precisamente en el ámbito de la seguridad, un tema altamente sensible que ocupará un lugar central en las elecciones presidenciales y estaduales de Brasil en 2026. El Status of Forces Agreement debe ser analizado también a la luz del calendario electoral brasileño, en la medida en que pone de relieve las vulnerabilidades de gobiernos que no mantienen afinidad ni simpatía con Washington. Al exhibir las falencias de Brasil en materia de seguridad interna y externa, se busca asimismo influir en el proceso electoral, favoreciendo a candidatos que no se identifiquen con la izquierda.

 

José Eduardo M. Felicio fue subsecretario general para América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores, embajador de Brasil en Uruguay, Cuba y Paraguay, y se desempeñó en la Secretaría General del Consejo de Seguridad Nacional de la Presidencia de la República.

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