11/08/2026

Brasil 2026: Cuando la geopolítica entra al cuarto oscuro

Las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre en Brasil serán mucho más que una disputa por el gobierno de la principal economía de América Latina. Su resultado definirá buena parte del equilibrio político regional en un momento en que el mapa latinoamericano ha cambiado de manera acelerada. Desde 2023, trece de las últimas dieciséis elecciones nacionales fueron ganadas por distintas expresiones de la derecha. En América del Sur, la izquierda apenas consiguió retener Uruguay, mientras que Paraguay, Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú y Colombia cambiaron de signo político.

Sin embargo, interpretar la elección brasileña únicamente como un nuevo capítulo del enfrentamiento entre lulismo y bolsonarismo sería un error. Brasil está entrando en otra etapa política. Más que una reedición de la polarización de 2018 o 2022, la campaña de 2026 refleja una transformación del sistema político caracterizada por la fragmentación de la derecha, la creciente autonomía de los liderazgos regionales, el regreso de la economía como principal eje del debate y, sobre todo, la internacionalización de la competencia electoral.

La ausencia de Jair Bolsonaro como candidato modificó profundamente el escenario. Aunque Flávio Bolsonaro logró convertirse en el principal heredero electoral del bolsonarismo, todavía enfrenta dificultades para unificar al bloque conservador. La disputa ya no es solamente entre oficialismo y oposición; también es una competencia por el liderazgo futuro de la derecha brasileña.

A esa fragmentación se suma otra novedad: la creciente importancia de las dinámicas territoriales. Brasil siempre fue una federación compleja, pero en esta elección el peso de los estados adquiere una dimensión inédita. La decisión de partidos tradicionales de permitir que sus estructuras locales definan alianzas propias convierte a la campaña presidencial en una suma de competencias regionales.

También cambió la agenda de discusión. Después de varios procesos electorales dominados por disputas culturales, religiosas e identitarias, la economía volvió a ocupar el centro del debate. Inflación, empleo, crecimiento, reforma tributaria, déficit fiscal y seguridad pública aparecen nuevamente entre las principales preocupaciones de los brasileños. Lula apuesta a que la recuperación económica y la estabilidad institucional respalden su gestión. La oposición intenta instalar un programa centrado en el ajuste fiscal, la reducción del Estado y una agenda más liberal.

Pero quizás la principal innovación de esta elección sea otra. La política brasileña dejó de desarrollarse exclusivamente dentro de sus fronteras. Como ocurrió recientemente en Argentina, Honduras o Colombia, la política exterior pasó a formar parte del debate electoral interno. Los nuevos aranceles anunciados por la administración de Donald Trump, las gestiones de dirigentes opositores en Washington y las declaraciones del presidente argentino Javier Milei durante su visita extraoficial a Brasil modificaron la agenda política nacional.

Ese fenómeno obliga a revisar una vieja premisa de la ciencia política latinoamericana: la idea de que las campañas presidenciales son, fundamentalmente, procesos domésticos. Hoy las fronteras entre política interna y política internacional aparecen cada vez más difusas, reactivando incluso debates en torno a las Democracias Tuteladas.

Paradójicamente, la evidencia disponible hasta ahora sugiere que la intervención indirecta de Trump y Milei fortaleció más la estrategia política de Lula que la candidatura de Flávio Bolsonaro. Ambos episodios permitieron al gobierno desplazar parcialmente la discusión desde la evaluación económica hacia un terreno donde el oficialismo se siente más cómodo: la defensa de la soberanía nacional, la autonomía brasileña y la legitimidad de las instituciones democráticas.

La reacción de Itamaraty frente a las declaraciones de Milei ilustra esa lógica. El gobierno brasileño evitó reducir el episodio a un intercambio personal entre presidentes y lo presentó como una cuestión de Estado. Esa narrativa conecta con una tradición profundamente arraigada en la política exterior brasileña y fortalece uno de los principales activos de Lula: su liderazgo internacional.

A propósito de ello basta ver como el ex presidente conservador de Uruguay Julio María Sanguinetti rechazó las críticas de Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva, señalando que “desprecian el principio de no intervención y ofrecen un triste espectáculo en el Mercosur”

Naturalmente, esa ventaja no está garantizada. Si las tensiones comerciales con Estados Unidos terminaran afectando el empleo, las exportaciones o el crecimiento económico, la dimensión internacional podría convertirse rápidamente en un costo político para el oficialismo.

Por eso, el verdadero desafío para quienes observamos estos procesos no consiste únicamente en proyectar quién ganará las elecciones del 4 de octubre. Brasil está inaugurando una nueva forma de competencia política en América Latina, donde la geopolítica se ha convertido en una variable electoral. Lo que ocurra allí no solo definirá el rumbo de su democracia y los equilibrios políticos regioanles, sino que ofrecerá una respuesta sobre cuánto influirán los factores internacionales en las elecciones latinoamericanas del futuro.

 

Dolores Gandulfo es Secretaria de Relaciones Internacionales e Integración del Parlamento del Mercosur. Integra el Consejo Asesor latinoamericano del Instituto de Transiciones democrático (IFIT), la Red de Politologas y la Asociación de Estudios de Relaciones Internacionales de Argentina (AERIA). Y también docente universitaria en Universidad Nacional de San Martín, Universidad Nacional de Tres de Febrero y Universidad del Salvador. 

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